jueves, 21 de octubre de 2010

Quod scribsi, scribsi

-Sale de mis adentros, repite palabras, falta de estéticas y sin corregir. Pero es personal como ninguna otra.


Era un 5 de enero, frío pero sin nieve, cuando me dieron la noticia de la muerte de mi abuelo.
Mi padre me había hecho levantar para dar un paseo por Madrid, y realizar algunos recados,su comportamiento era extraño, lo achaque a una mala noche y a la situación.
Mi abuelo agonizaba desde hacía días en un hospital (probablemente de un ambiente tan gélido como la estación) en Pamplona. El cáncer se había cebado con su cuerpo, extendiéndose como el peor de los parásitos.

En mi subconsciente sabía la respuesta a una pregunta que me había estado dando vueltas desde que me había levantado,(mi abuelo había muerto). Aún así, justo antes de empezar a beber el vaso de agua que sujetaba en la mano, le hice la pregunta a mi padre, quien no se mostró sorprendido,(seguramente llevaba pensando desde hacía rato como decirme la noticia):

-Sí, murió anoche.

No olvidaré, que termine de beberme el vaso de agua entero, mientras miraba hacia el patio interior de mi casa. Tras esto. Lo posé en la mesa, y le dije:

-Ahora no olvidaré en mi vida, este momento. Recordaré que el día en el que supe la muerte del abuelo estaba bebiendo un vaso de agua. Quien sabe, a lo mejor cada vez que beba un vaso de agua piense en él - miré a mi padre, y suspiré- de todos modos, nunca me trató muy bien, no le había cogido cariño. ¿Ahora qué pasará?

Mi abuelo no era el típico abuelo cariñoso con sus nietos, que les va a recoger al colegio, y les cuentas historias de su infancia después de hacerles una deliciosa merienda.
Su amor lo reflejaba de un modo extraño. Alrededor suyo, le rodeaba un halo de grandeza. Él en si mismo era grandeza, elegancia, limpieza, RESPETO. Como El Padrino de Mario Puzo, era respetado, se hacía respetar, sabía que decir y como decirlo.
Para mi era seco, arrogante. Nunca me dirigió una palabra cariñosa directamente. Nunca me abrazó, ni me besó por cuenta propia. Le molestaba que le llamase 'abuelo'. Y durante toda su vida, me hablaba en un tono frío y distante como si fuera un empleado suyo. También hacía sornas sobre mi a veces. Le respetaba como no he respetado a nadie en mi vida. Le tenía un respeto tan grande que rozaba el miedo.
No me atrevía ni a rozar sus elegantes y caras pertenencias, para mi eran como objetos santos. Es realmente difícil de explicar.

El día que mi abuelo murió, no vertí ni una lágrima. Y nunca me he arrepentido tanto por no llorar. Es más, hay días que abrazado por la oscuridad de la noche, bajo la protección de mi cama, deseo llorar amargamente, llorar por todo lo que no he llorado, y creo sin miedo a equivocarme que toda esa pena la llego guardada en mi interior, una pena que se fue agrandando el resto de años con la muerte de mi tio-abuelo (al cual amaba), y la de mi bisabuelo (mismo sentimiento). Ambos me habían mostrado mucho cariño; pero tampoco lloré entonces...

El día del entierro, abrazado a mi madre que lloraba amargamente, con ojos fríos dirigí una mirada al féretro que se alejaba en el horizonte. 'Hasta la grandiosidad tiene su fin'.

Durante la agonía de mi abuelo, sufrí en mi interior. Aquella persona a la cual en el fondo admiraba por el respeto que transmitía y su elegancia, se podrían. Esquelético, sin fuerzas, babeaba, no se sostenía por su propio pie.
El último día que me despedí de él, estaba semidesnudo tumbado en un sofa. Sus esfínteres debido al cancer le habían traicionado. Le miré con frialdad por un momento, con la misma cara que él me había dirigido durante toda su vida. Pero al acercarme a su rostro para despedirme, y darle un beso en la frente, cerré los ojos, y dije algo que llevaba deseando decir desde hacía tiempo. 'Te quiero'.
Sus ojos estaban ausentes. Pero estoy seguro de que escucho mis últimas palabras hacía él.

Mi abuelo nunca me abrazó, ni me dio un beso, ni me dijo palabras cariñosas.

Tras su muerte, las palabras quedaron en palabras, y el respeto en olvido. Su habitación que era para mi un lugar sagrado en el cual modificar cualquier cosa podría ser sinónimo a una fuerte reprimenda. Se convirtió en un tenderete, en el que la gente cogía, manoseaba, tocaba, se llevaba todo lo que quería sin ningún tipo de perjuicio.
No me lo creía, sufría al ver como tras su muerte, se subastaban sus despojos.

Mi abuelo fue una mala persona muchas veces. Pero vivió una infancia muy dura, en la que tuvo que trabajar en tabernas infectadas de todo tipo de parásitos siendo un crío. Paso hambre y frío, y sin tener apenas posibilidades de éxito, desde la humildad y la pobreza, construyo un mini-imperio. El cual murió con él.
Olvidó su pasado, o tal vez, su pasado consumió su presente.

Miro su rostro en las fotografías que antes no me inspiraban nada. Pero ahora veo un rayo en su mirada. Porque entiendo la razón por la cual acabó como acabó. Porque ahora sé que él me quería, aunque no me lo demostró. Porque en el fondo le echo en menos. Porque ahora que he madurado, perdería todo el miedo a sus manos, a que me pegase, o que me reprendiese, y no dudaría en darle un fuerte abrazo. Me gustaría que siguiese vivo, para poder romper su coraza de hielo que se había formado por miedo a su pasado. Algo le carcomía por dentro día tras día, era su pasado y su presente.
Me he dado cuenta demasiado tarde. Podría haber salvado a mi abuelo, podría haber recuperado a mi abuelo pero el tiempo se acabo. Uno nunca se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde.
Falleció el día antes de Reyes. El día que definitivamente perdí la ilusión por Las Navidades en general. Abandonó este mundo de un modo sucio y duro, tras muchos días de sufrimiento.
Mi consuelo fue pensar que allá donde estuviese, sabría que le quería, y que sentía rencor por como me trato a mi y a todos. Que ahora sentiría un poco del sufrimiento que yo sentí por un abuelo que no se dejaba querer ya que su halo de respeto era tan grande que rozaba el miedo.
Mi consuelo ahora, es saber, que cada día que pasa, maduro un poco más como persona, pudiendo entender mejor por que él era como era; y por que se que aunque fuese como un gélido imponente iceberg, le amaba y le amo, no por lo que fue (ya que en vida misma lo perdió) si no por lo que siempre ha sido, mi abuelo.





ISM 21/10/2010 2:38








Un artículo sobre mi abuelo: http://www.lavozdegalicia.es/vigo/2008/01/04/0003_6451890.htm



El primer efecto del amor es inspirar un gran respeto; se siente veneración por quien se ama.

Blaise Pascal

1 comentario:

L'avis du lycée. dijo...

La verdad, no sé muy bien que decir, pero creo que después de haber tenido la confianza suficiente en mi como para dejarme leer un texto de este carácter creo que es lo mínimo que puedo hacer. No sólo demuestras a través de él que eres una persona madura, no, mucho más que eso, sino que demuestras que existen buenos sentimientos en ti, algo necesario (demasiado necesario) ya que no abundan en la gente corriente en los días que corren. Realmente me has impresionado, la manera en la que lo describes todo: tus sentimientos, las situaciones... todo, me han puesto la piel de gallina, tanto las malas como las menos malas. Je suis vraiment émue. Creeme cuando te digo que te has ganado una seguidora al blog, espero que no te moleste que sea medio francesa de espíritu.

PD: si yo fuera él, estaría orgulloso.