Suena un melancólico violín, acompañado de un tímido clarinete, mientras el junco inundado bajo las suaves aguas del río, se mueve de forma acompasada, siguiendo el orden de la música. Tranquilidad... solo el reflejo del verde en tus ojos...
Y al final, vuelvo al principio, y así una y otra vez. ¿Y si volviera al estado natural? Estamos aprisionados, estamos construyendo nuestra propio patíbulo, seremos los verdugos de nuestra muerte. Desde que sale el sol, hasta que llega de nuevo el ocaso, bebiendo sorbos de cicuta, dejándonos atormentar por los rayos de la ignorancia.
Ya no hay agua en la lluvia, ni vida en nuestros cuerpos. Lo que tanto nos empeñamos en construir, nos destruye. Ya no hace falta sol, para que haya luz. Dejamos de mirar arriba hace tiempo, volvimos la vista al frente, esperanzados con nuestro sino hicimos grandes cosas, para poder agachar la cabeza despreocupados, nos deshumanizamos.
Entonces, gritamos al cielos; ¡Ya no nos hacen falta tus estrellas!

ISM
1 comentario:
muy, muuy bueno :)
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