No lo voy a negar. Siento un irremediable amor por la vida. Amo la vida, y amo la muerte, como misterio. En un mundo tan sumamente material, en el que todo es tan efímero, la propia existencia del individuo ha quedado relevada a un segundo plano en su sentido espiritual, moral e incluso físico. No me refiero a un carácter espiritual, religioso, dogmático. Si no al individuo, como ser único, con su 'propia' personalidad. La masa ha prevalecido en el sistema actual, y se ha producido su deshumanización.
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